Mi pensamiento desde el día en que la conocí fué de que no la volvería a ver. O no al menos en un buen tiempo, o bajo circunstancias tan esperanzadoras y propicias para el diálogo y la interacción.
Sé que es un pensamiento bastante pesimista, pero así crecí y así seguiré siendo, al menos hasta que me decida a ser el milagro y cambiar por mí mismo.
Acompñé a Mito a buscar a un maestro para que cambiara de grupo e inscribirse en otro por acomodo de horarios. Entonces llegabamos a la puerta del recinto. De lejos no percibí nada especial. En realidad nunca me doy cuenta de las señales ocultas o de los séres especiales o que me puedan hacer sentir algo cuando me aproximo a ellas. Ella saludo al grupo y me presentó, entonces la conocí y nos saludamos. Gracias a la bella constumbre de besar a alguien cuando la conoces pude sentir un beso que me revoloteó en el estómago. Hacía varios meses que no sentía eso.
Luego me dí cuenta de que teníamos algo en común. El arte. Pudo ser un tema de conversación, pero después de intentar indagar en su vida con respecto a ese tema, me dí cuenta de que no quería compartir mucho, al menos no con alguien que conocía apenas. Pero al final dejó una buena impresión en mí y, creo que yo en ella también.
Luego estando sentado en el sillón, compartiendo experiencias divertidas de cuando tenía residencia en el pasado, la ví entrar con otro grupo de amigos de los anfitriones. Al principio pensé que sería una velada más en la que no pasaría de charlar ocasionalmente con todos, ella incluída, y ya. Tal vez aprovechar la oportunidad de indagar un poco más en su vida y de sucitar un poco de interés por su parte en mi vida.
El encuentro resultó mejor de lo esperado. Comenzando con el cálido abrazo que compartimos al vernos de nuevo. Yo no esperaba un contacto así de significativo y apresivo de su parte. Pero fué un abrazo bello. Instantes después de que me tomara y me abrazara lo comprendí y entonces devolví el gesto, sintiéndome el hombre más querido de la noche.
A partir de ese momento mis ojos siempre buscaban los suyos. Tiene unos ojos verdaderamente bellos y llamativos. Inspiran confianza al diálogo, y tal vez a conocerlos más de cerca. Al menos, yo en mi impulso de enamorado de nueva cuenta, sentía un gran deseo por verlos cada vez más cerca. Sin importar con quien estuviera paticando o a quien estuviera atendiendo o con quien fuera que estuviera teniendo algun tipo de contacto directo, mis ojos siempre la buscaban. La veía sentada conversando con alguien más. La llamaba con mis ojos y con mi pensamiento deseaba que volteara y me viera ella también. A veces funcionaba.
Luego hubo oportunidad de conversar directamente con ella. Los sillones no deberían ser tan grandes. Viendo la distancia como un impedimento, decidí hacer el movimiento que me costó más trabajo en la noche. El valor que requirió realizar ese movimiento me hizo pensar en los miles de artículos que recientemente había leído acerca de superar los miedos de cada uno con valentía. Tal vez la mezcla de alcohol y un volumen de música alto ayudaron a que me fortaleciera en mi determinación a acerarme. Salté de mi lugar al lugar que estaba cerca de ella. Creo que si hubiera saltado directamente a su lado, en el sillón en el que ella se encontraba, hubiera dado la impresión de alguna intensión un tanto desesperada. Nunca lo sabre. A continuación sucedió un hermoso gesto que quedará marcado en mi memoria. Ella ocupó el lugar que estaba más cerca de mí. Hubiera deseado que hubiera ocupado el lugar enseguida al mío en mi mismo sillón, pero creo que por la misma razón, ella tampoco lo hizo.
Charlamos. De arte. Del ocio. Del deseo por salir de la rutina y buscar experiencias nuevas. Y finalmente, dimos con el clavo que unía una fina y mágica actividad en común. La verdad, me faltó valor para invitarla en ese momento a bailar, y seguimos charlando. Después me avisaron que debíamos ir de nuevo a la tienda, por más provisiones. Entonces se rompiò la atmosfera que me tenía totalmente rendido ante sus ojos, y salí del departamento.
Al regresar, había mucho más ambiente en la reunión. Y luego sucedió el segundo acto mágico que me ha marcado más, últimamente en mi vida. - Vamos a bailar, Angel- me declaró con su cabeza recargada en el descanso del sillón mágico de nuestro encuentro-.
-Claro, cuando quieras- contesté con una mirada de ilusión en los ojos.
-No!, ahora!-.
Mi sangre no paraba de correr por mis venas. Sentí mi corazón mas vivo que nunca, a pesar de haber estado deseando que se detuviera en medio de la noche las últimas semanas. Este estado de depresión me había estado dominando de manera muy fuerte, al grado de no permitirme encontrar razones por las cuales valiera la pena seguir intentando encontrar el sueño de mi vida, o seguir buscando a la persona que me hiciera sentir esa gran emoción de amor en mi ser.
Tener a una hermosa mujer tan cerca, por un espacio de tiempo tan prolongado hace que la vida valga la pena. Veía constantemente sus ojos, a pesar de que siempre me ha costado mucho trabajo ver a los ojos a las personas, sin importar cual sea mi relación con ellos o lo que esté haciendo en determinado momento. Recuerdo ahora la gran batalla que sufro incluso hasta hoy, cuando intento ver a los ojos de mi padre de forma directa. Pero con ella, gracias al enamoramiento que sentía en ese momento no batallaba. Sentía una gran comunicación al verla a los ojos. Me sentí bien nuevamente.
Tocar sus manos era un bello recuerdo de que las personas necesitamos del contacto, incluso yo, que tanto lo detestaba. Hacía mucho que no distrutaba tanto de acariciar a alguien. Ella simplemente se dejaba llevar. La ilusión de control a la que todo hombre está sujeto cuando entabla un baile con una mujer, desapareció en ese momento, porque estaba hechizado bajo el más bello sentimiento de ilusión, nervio y enamoramiento. Recuerdo su sonrisa cada vez que me veía a los ojos. Yo también sonreía, de nervios tal vez. De felicidad, seguramente sí. De ilusión. Más que nada, yo sonreía por la ilusión. Al bailar intenté utilizar el mecanismo del diálogo para poder disimular mi nerviosismo. Realmente estaba nervioso. Por tenerla frente a mí. Por verla a los ojos constantemente. Por sentir sus manos. Por oler su bella esencia cada vez que ella giraba. Por sentirme bien, de nueva cuenta. Me dejé llevar y disfruté del momento, sin pensar en los actos que seguirían, en las posibles consecuencias o recompensas que deparaba el hecho de haber establecido una relación con el acercamiento físico más importante para mí.
La segunda vez que bailamos resultó aún más encantadora. Puse atención en otros detalles. En su forma de mirarme. En el juego que hacíamos con las manos cuando permanecíamos tocando nuestros dedos. En sus piés y en la forma en la que ella seguía mi paso. En su cuerpo al girar y al permanecer en contacto con el mío en los pasos que yo a propósito hacía para lograr aquel encuentro. Sentía sus brazos a disposición de mis manos. Sentía su cadera al compás que marcaba mi dirección con las piernas. Sentía su alegría al ver que comenzabamos a comunicarnos en aquel hermoso ritual en el que los cuerpos desean estar juntos, pero se detienen en un acto de retraso del placer. Yo lo quiero ver mejor como un goce de un placer distinto. Un placer más sutil, más oculto y tímido. Cuando hacía aquella vuelta en la que quedaba en contacto con su espalda trataba de la manera más sutil de ocultar mi satisfacción por sentir su piel y su movimiento suave. De cierta forma, la experiencia ayuda a poder controlar el impulso y no hacer un movimiento comprometedor y que resulte fuera de lugar y rompa con la atmosfera que compartíamos durante el baile. Todos estos detales me llevaron a poder comenzar a comunicar lo que sentía en ese momento. Así que le hablé y le dije lo que ella era para mí. La llené de elogios por sus ojos, por su esencia, por su forma de bailar, por su hermoso rostro. Ella se enojaba. Pero yo me sentía libre, ya que cada vez que yo expresaba algún elogio sentía una gran fuerza, y la transmitía a ella. Simplemente le hablaba y me liberaba de todo. Seguí hablándole, tocándola, expresándole que la deseaba y que me encantaba. Fué un momento hermoso. Cada vez que ella se desesperaba e intentaba irse de mí, yo aprovechaba y la abrazaba fuerte, le hablaba al oído y la tomaba por la espalda. Ella se resistía, pero no lo suficiente como para poder romper con mi prisión. Era lo mejor, mantenerla junto a mí, así que seguí provocándola a mi placer. La abrazaba y después, tomaba sus manos y las besaba para convencerla de que se quedara. ella permanecía, con una falsa intensión de irse, pero no soltaba mis manos, o luchaba por romper mi abrazo. Incluso, al final cuando se desesperó más, me arrodillé y la tomé por la cintura y no la dejé ir. Ella seguía ahí, y permanecía junto a mí, viéndome a los ojos, y sonriendo.
Una inesperada situación incomoda por parte de mi amiga nos forzó a abandonar la fiesta y alejarme de ella. Fué lo mejor, para mi amiga que sufría de un acoso desagradable. Siempre seré fiel a mis amigos, incluso al grado se sacrificar mi propio placer y realización. Es una fidelidad que yo aprecio bastante.
Solo espero poder verla de nuevo... y bailar con ella.
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