Cuando me vi en el espejo fue cuando me percaté de que traía puestos otros pantalones. ¿De donde salieron estos nuevos pantalones? No tengo la menor idea. Hay un vago recuerdo en el que me peleaba con una persona, justo cuando intentaba sacar mi maleta de la cajuela del auto, y con el forcejeo, la ropa de ambas maletas, la mía y la del otro tipo, cayó al suelo y fue un verdadero caos. Tal vez fue ahí cuando perdí mis pantalones.
De vuelta en el vestidor, mi Pak me ayudaba a escoger un nuevo par de pantalones, porque simplemente no se veía bien la combinación. Yo miraba constantemente el reloj porque se acercaba la hora y los músicos seguramente ya me estarían esperando en el templo. Aparte de todo lo anterior no pude encontrar mis zapatos. Fue en ese momento cuando perdí toda esperanza de llegar a tiempo para el comienzo de la celebración y me resigné a que llegaría aproximadamente al Gloria o durante la homilía. Mi frustración fue tan grande que comencé a acobardarme y a contemplar la posibilidad de ni siquiera presentarme a la boda. Pero no podía hacerlo. Mi sentido de la responsabilidad es mucho mayor que eso. Aparte, era la boda de un familiar mío.
¿Quien cantaría la entrada y el ‘Señor ten piedad’? ¿Habría cantado el mismo sacerdote? ¿Como reaccionaría al verme llegar veinte o veinticinco minutos después del inicio? ¿Que pensaría mi familia de mí, al ver que mi irresponsabilidad por poco habría arruinado la boda de mi prima?
No estoy seguro de qué es exactamente lo que hace que la preparación de un evento así sea tan estresante. Tal vez sea la combinación de todo. El compromiso que se tiene con la persona que te ‘contrata’ para el evento. El hecho de que es una ceremonia de unión con un fuerte contenido y significación personal y emocional. El miedo que siempre está presenta cuando voy a cantar, a pesar de haber cantado ya en muchas bodas. Siempre siento mucho más miedo cuando canto yo solo que con el coro. El coro es un escudo de protección. La voy se amalgama con las demás y los errores se notan mucho menos.
¿Como puede alguien encontrar la capacidad de concentración en momentos como estos? ¿Que tengo que hacer para poder tranquilizarme y realizar lo que tenga que hacer, con seguridad y capacidad?
Lo más inquietante de todo es que, aún después de que pasó la boda, estos pensamientos siguen llegando a mi mente. La razón por la que se hacen presentes no la conozco. Será mi propia inseguridad que me está haciendo saber que sigo preocupándome, incluso por las cosas que y sucedieron. ¿Pero que juicio es este de estar preocupándose por algo que ya pasó? Como bien dice la gente, ya ni llorar es bueno. Yo no lloro, pero no puedo evitar seguir pensando en ello.
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