sábado, noviembre 26, 2011

On being alone.

Tal vez no sea tan malo estar solo. Solo en la vida. A pesar de que extraño la compañía de mi familia y amigos, creo que el vivir un tiempo solo es bastante benéfico.


Lo que más extraño es compartir. Compartir todo lo que veo cada día con alguien. El hecho de hacerlo me llena de un sentimiento de satisfacción que no he logrado sustituir con nada. Claro que después me pongo a pensar en lo que hubiera dicho si hubiera estado acompañado... yes ahí donde se me va la inspiración. Creo que mis comentarios, muchas veces, resultan bastante aburridos. Es una plática que no cualquiera sigue, al menos, con ánimos de escuchar y discutir. Realmente necesito encontrar a alguien que pueda comprender tan raros y aburridos comentarios. Mis charlas con la compañera que haya de ser quien esté a mi lado el resto de la vida serán bastante raras.


Hoy, por ejemplo, viví un montón de cosas que me hubiera gustado poder compartir con alguien. La viste de la calle llena de gente disfrazada. La lectura del libro que trataba de una serie de personas cuyas relaciones extrañas al final tenían un desenlace inesperado. La perfección con la que la Orquesta ejecutó su programa. Son situaciones que, a mi modo de ver, se disfrutan más si tienes alguien con quien platicar, y discutir después de haberlas vivido. Es justamente aquí cuando hago un recuento de las personas con las que he tenido la oportunidad de hacer esto, de discutir vivencias, y es donde intento visualizar a la persona idónea para hacerlo en el futuro. Nuevamente caigo en la cuenta de que tendrá que ser alguien tan raro y aburrido como yo. Las pasiones que encienden mi imaginación y hacen volar mis sentimientos no son las mismas que la de la mayoría de las personas. La gran mayoría de las personas. Esa mayoría con quien a veces quisiera encajar a la perfección.


El tiempo que llevo viviendo solo me ha hecho ver que nunca podré encajar con esa gran mayoría de personas. Pertenezco a un grupo de personas en principio loco. Después bastante raro y aburrido para la gran mayoría. Un grupo de personas que cambian constantemente... de todo. A mi me gusta estar en constante cambio. Cambio de residencia. Cambio de gustos. Cambio de amigos. Cambio de repertorio. Cambio de lugares a frecuentar. Cambio de tipo de música por escuchar. Cambio de estados de ánimo. Cambio de forma de pensar en un instante muy corto de tiempo.


Durante el concierto de hoy experimenté un gran amor. Amor por las personas que estaban ejecutando la música más hermosa que haya escuchado últimamente. Eran unos jóvenes muy talentosos. El director era un verdadero maestro de su diciplina. Los chicos seguían con gran presición los ademanes y las intensiones del director. Sentí una gran emoción por poder ser del pequeño grupo de personas que tuvo la gran oportunidad de poder escuchar el concierto de hoy. Al miemo tiempo, sentí un gran odio. Odio por las personas el público. Odio por lo ruidos, por los aplausos fuera de lugar, por las personas que llegaban a media ejecución a buscar su asiento, odio por quienes intentaron callar a los que aplaudían en el momento incorrecto. Odio por la gente con la que compartí el concierto. Odio por mis raíces incultas en el ámbito musical. Odio por el viejo de la primera fila que se la pasó todo el concierto dirigiendo como si tuviera la batuta en la mano. Odio por la persona que estabasentada en la fila detrás mía intentando abrir un maldito dulce durante casi todo un movimiento de la sinfonía.

martes, noviembre 15, 2011

On receiving signals!

Es bastante curioso como mi estado de ánimo puede cambiar en cuanto dicido realizar tal o cual cosa, en cuanto comienzo a caminar por tal o cual calle, en cuanto entablo una conversación con tal o cual persona.

Los días pasados habían estado plagados de una depresión maldita. Ahora comprendo que tal depresión no tiene mucha razón de ser. Tengo muchas cosas a mi favor. Y hoy me recordaron una muy agradable.

Comenzaba la vocalización de manera normal. Había decidido hacer la prueba con la cerveza esta vez, y tal parece, al menos en esta ocasión, que el resultado no fué alterado, porque la voz sonó muy bien. A medio ejercicio em maestro me comentó que el lugar era el correcto. - Ahí es donde tiene que estar la voz siempre, Angelito -. Después vino mi pregunta: - ¿Como hago entonces para no volver a caer en lo que me ocurrió en la Luisa?- . - Mira, tu tienes una gran ventaja, tu voz gira en donde tiene que girar, no tienes que buscar nada, no ten tengo que explicar nada. Agradece a Dios que te haya dado esa voz. Ahora, déjala salir, disfruta de tu instrumento. Úsalo de la mejor manera posible. No cualquiera puede hacer eso, y menos con las circunstancias con las que te encuentras tú!-.

Definitivamente mi creencia por las señales ha vuelto. Si estaba esperando algun tipo de insinuación, he ahí que ahí esta.

Salutations!

domingo, noviembre 13, 2011

On thinking about the past


El origen del recuerdo está presente, fué la ciaccona en mi menor de Buxtehude. De hecho, fué una adaptación para orquesta lo que me causó un gran impacto. La obre simplemente sonaba impactante y abrumadora. El gran número de músicos que integraban la orquesta hacía que los temas de la obra fueran tan desgarradores, intensos e inspiradores como ninguna otra obra que hubier escuchado haste entonces.


Precisamente, en una semana, habrá un concierto de órgano en Jalisco en el que se incluye la gran pieza en el programa, pero no podré asistir por la lejanís del sitio.


Vienieron a mi mente recuerdos como los huespedes que atencí en cass. Eran chicos de varias partes de la república que necesitaban hospedaje. El evento fué muy bueno, y los resultados también. Conocí a mucha gente del ámbito. Compañeros cantantes, músicos instrumentistas integrantes de la gran orquesta, así como el director y el autor de una de las obras que se presentaron en ese entonces. Recuerdo los ensayos. Recuerdo las crisis por las que pasamos para poder llegar a poner con bastante nivel una obra nueva, contemporánea y muy dificil de cantar. Nunca dudé. Simplemente porque los maestros nunca dudaron tampoco. Creo que fué la última obra que canté para la institución.


Recuerdo las charlas con los amigos antes de comenzar los ensayos. Recuardo las reacciones de todos cuando escuchabamos el ensamble del coro con la orquesta. REcuerdo las constantes quejas por parte de los integrantes del coro, porque cada vez se nos pedía más sonoridad, y teníamos que ganarle a una orquesta que nos triplicaba en instrumentos, y no sólo en cuerdas, que es de lo qeu más hay en el país, sino de metales, maderas, y otros instrumentos que integraba la obra, instrumentos de gran sonoridad, como platillos y timbales monumentales. Recuerdo mis compañeros, bromeando en las banquetas de la parte trasera del teatro, y compartiendo experiencias. Recuerdo el frío que hacía tanto afuera como dentro del teatro. Recuerdo los ejercicios a los que nos sometió el director para poder lograr dar el caracter que requería la pieza, en especial los que realizamos con el compañero de al lado, tomados de las manos y brazos. No podía creer con quién me había tocado, pero al final logramos controlar nuestras risas y nuestra mente simple y adquirir caracter y fuerza.


La música de la ciaccona me da la impresión de ser una música de despedida, una despedida triste. Era como si estuviera escuchando un adios de parte mía a todos los compañeros con los que compartí esa gran experiencia. Aún ahora, la sigo escuchando y sigo sintiendo la despedida. Vienen a mi mente imágenes bellas de personas, sonidos increíbles de música maravillosa, tanto vieja como nueva.