Finalmente me había armado de valor para pedirle que me concediera una cita. Pero en realidad no nos dirigíamos hacia algún lugar típico para comenzar el cortejo de enamorados, sino que nos dirigíamos a un lugar mucho más personal y privado.
Vamos!, te invito.
La verdad no recuerdo si me contestó, pero ya estabamos en el transporte viajando cuando me dí cuenta de lo sucedido. Yo trataba de identificar el tipo de auto en el que viajabamos, y también sentía curiosidad por saber quien era el conductor que nos llevaba. Nunca nos dirigió la palabra mientras el auto estaba en movimiento. Ella, sentada a mi lado, iba mirando la ventana, y tomada de mi mano. Luegome recliné sobre ella para decirle algún cumplido en el oído y ella reaccionó de la mejor manera posible. Volteó la cabeza y me besó. No podía creer lo que sucedía. Seguí mirándola a los ojos por algunos instantes y luego comenzamos a platicar de... la verdad no importa.
Es en momentos como estos cuando el hombre siente un gran impulso. Cuando lo racional se vuelve instintivo. Cuando la bomba química de sustancias dentro del cuerpo explota. Y realmente nos sincronizamos, porque los dos reaccionamos al instante. Comencé a tocarla por encima de la ropa. Aún tengo en mis manos la sensación de su suave entrepierna. Ella llevaba un pantalón que transmitía bien mis movimientos hacia su piel. Su mano me guiaba hacia donde ella quisiera. Y así estuvimos un rato, hasta que llegamos a nuestro destino.
Al bajar del auto, el chofer nos entregó el equipaje. - No llegas hasta la terminal?- le pregunté. - No, la ruta que me asignaron llega hasta aquí -. Estabamos en las afueras de la ciudad, muy cerca de las vías del tren. Ella comenzó a hacer una llamada para avisar a su familia que estaría conmigo unos días, y discutía con su madre porque a ella no le parecía bien la invitación, sobre todo después de tan poco tiempo de conocernos. Yo tomé el resto del equipaje, y comenzamos a caminar. Sin realmente tomar una desición, caminamos, en lugar de tomar un taxi o llamar a alguien para que fuera por nosotros. Cruzar las vías del tren fué una vista maravillosa. Yo la veía mientras hablaba por telefono. Su cabello. Lo que más recuerdo es su cabello negro y largo siendo acariciado por el viento que comenzaba a refrescar las tardes del comienzo del otoño. Ella jugaba subiendo y bajando del riel de la vía. Con una sonrisa y un beso, finalmente se despidió de los suyos.
Ya en nuestro destino, dejamos el equipaje en el piso. yo me dispuse a tomar un baño. Nuevamente, la comunicación sin palabras se hizo presente. No me percaté de que las paredes se volvieron de cristal una vez que entré en la ducha. Podía ver sus movimientos fuera del cuarto de baño. Ella se movía, sospechosa, tratando de adivinar si alguien más estaba en el lugar. No se escuchaba nada. Entonces se decidió. Quiso abrir la puerta del baño, pero tenía el seguro. - Déjame entrar- me dijo. - No, puede llegar alguien- le dije a través de la cortina de la regadera. - Que tiene! No importa! - gritó desesperada, pero con cierta ternura en la voz. Fué en este momento cuando lo hice conciente. Si yo controlo ésto, porque debería de llegar alguien en este momento?. Yo hago lo que yo quiera en este tipo de situaciones. Volví a la escena y cancelé la llegada de cualquier persona y quité el seguro de la puerta. Ella comenzó a caminar hacia mí, y recordó... entonces se volvió hacia la puerta y puso el seguro. Estaba a punto de comenzar a quitarse la blusa cuando el primer rayo de sol entró por la persiana.