La razón por la que se presentan estas oportunidades, que deliberadamente decido no aprovechar, jamás la sabré. Bueno, en realidad se trata de un simple caso de inseguridad para con el género opuesto. ¿Será que no es tan simple como parece? ¿Será que no es tan complicado, tampoco? En realidad no es tan difícil, dice mi hermano.
Los delicados rizos dorados que caían de su cabellera me gritaban en voz alta que los volteara a ver. Cuando pasó por la puerta, y mientras yo esperaba con ansia el recibo, para acto seguido salir corriendo hacia ella, me encontraba lleno de una energía que esa imagen robó. Le seguí los pasos por las grandes vitrinas del establecimiento, hasta que las carpas de los puestos taparon mi vista. Al salir apresuradamente, ya no estaba a la ahí. Seguí caminando hacia la esquina, que fue el rumbo que tomó, pero no la veía, intentaba tomar una decisión entre caminar lento o rápido, ya que podría estar observando algo de los tantos puestos que cada jueves se establecen en la banqueta de esas cinco o seis cuadras, y que ofrecen en venta lo que necesitas para la semana. Al final opté por seguir un paso tranquilo, justo detrás de unas mujeres que iban viendo cada simple artículo que se les cruzaba por la mirada. Después de tres o cuatro puestos decidí que no podía depender de ese paso, y las adelanté. Llegué al puesto de películas, comencé a indagar sobre el género que más me llama la atención y sobre ciertos actores que realmente me agradan. Por un momento olvidé la razón de mis apresurados pasos al salir de aquel lugar. Nunca te imaginas que puedes llegar a ver a una persona... a una mujer, así de bella, en un día tan común y pasajero como el resto de los días. Comencé a recibir la información. ‘Déjame, te investigo y la próxima semana te traigo algo de material’ decía el tipo.
La presencia siempre se anuncia, como la sensación del hormigueo y las cosquillas que no puedes contener cuando alguien acerca su mano a tu espalda. Fue cuestión de unos segundos, y ahí estaba ella de nuevo, parada enseguida de mí, viendo las mismas películas que yo tenía en las manos.
El pánico se apoderó de mí, y dejé las bolsas de plástico sobre la mesa, tomé mi compra y salí deprisa nuevamente a por un café a la esquina. En el camino se cruzaron por mi mente un montón de pensamientos, como toda la vida, que me hicieron dudar acerca de si regresar a intentar conocerla, o simplemente olvidarla ahí y en ese momento preciso. Luego de regresar, ella seguía ahí, en las películas. Llevaba botas con ese material térmico que de tanta moda estuvo desde hace unos años, porque la mañana estuvo más fresca que de costumbre. Los quedes de aquella tormenta tropical que azotara las costas que se encontraban a poco más de quinientos kilómetros de la ciudad seguían causando bajas temperaturas en el valle. Unos pantalones vaqueros azules, una chamarra vaquera azul, y sus hermosos rizos cayendo por su espalda. Me acerqué de nuevo al dependiente con el pretexto de una nueva película que había recordado y que le pedía que trajera la próxima semana. Me situé justo a su lado. Pude llegar a percibir la fresca esencia de perfume que despedía su cuello. Una piel suave, clara y un poco sonrojada por el viento frío que soplaba. Por más que intentaba mirarla a los ojos, seguía clavada en la película que tenía en las manos.
-Si las personas fueran así de directas, sin rodeos y rápidamente comunicaran a otros lo que desean de los demás, como la mujer de la secuencia inicial de la película que tienes en las manos, este mundo sería mucho menos complicado, ¿no crees?
-¿Perdón? ¿Me hablas a mí?
-Sí. ¿No has visto esa película? Es muy buena. Definitivamente una de las mejores actuaciones de Day-Lewis.
-Ah, no. No la he visto aún. ¿Qué es lo que pasa en la secuencia, la que describías?
-Una mujer irrumpe en la sala de lavado, donde el cirujano acaba de terminar la operación, y sin más preámbulos se desnuda ante él. El tipo es un hombre que está acostumbrado a que las mujeres se entreguen a él así de fácil. Nunca tuvo problema con ello, al contrario, era su modus operandi, o más bien dicho, el de las mujeres que lo deseaban, y que habían sido ya muchas.
-¡Que sensual! ¿En verdad sucede eso?
-Y lo que nunca verás o podrás entender es todo el contenido, o lo pensamientos del hombre, que en el libro puedes encontrar. Es realmente inspirador.
-¡Vaya! Que buena recomendación. ¿Conoces mucho de cine?
-No. No mucho, la verdad. Me gusta investigar a fondo lo que me gusta. Como el cine, la música, la historia. Cosas por el estilo.
-Ajá... Que bien. Y, ¿qué más te gusta?
-Muchas cosas. La belleza de los días como estos, nublados, con lluvia ligera y frescos. Y claro, el cabello de una mujer. Como el tuyo.
-¿Crees que mi cabello es bonito?
-Por supuesto, es realmente algo bello. Escucha, sé que puede sonar un poco atrevido, pero ¿te gustaría...
-Claro. ¿A donde podemos ir?
-Ah! Pues al café de la esquina. Tienen un latte muy bueno.
-Pero tú ya tienes café.
-No importa, ya está frío.
Mi café no tenía más que unos minutos de haber sido tomado de la jarra, pero que importaba. Había logrado captar la atención de quien me había robado los pensamientos del resto del día. De la semana. Tal vez de un mes.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario