Cuando comenzaba a llorar la tomaba por la espalda, le protegía la cabeza con mi mano izquierda, y la llevaba contra mi pecho. Yo quería que estuviera pegada a mí, así, todo el tiempo, y poder sentir su diminuto corazón palpitar, pero ella se resistía y con sus pequeñas manitas me separaba de su frágil cuerpo. Aún así podía llenar mis sentimientos de emoción porque podía oler su fresca esencia, podía tenerla junto a mí, podía cargarla y llevarla a donde su pequeña y blanquita manita indicara. Aún sin poder pronunciar muchas palabras, me comunicaba a donde quería que la llevara, y yo obedecía. Hacía lo que me decía porque creo que es parte del comportamiento que una persona tiene que tener con una bebé de brazos. Ya después entenderá que no siempre se podrá hacer lo que ella quiera, pero no seré yo en que la reprima. Por lo pronto, yo estuve siempre a sus órdenes, y caminábamos por por toda la casa, incluso llegando a pasar por el mismo lugar varias veces, hasta que se cansaba y comenzaba a llorar de nuevo.
Entonces le cantaba con una voz bajita para que no se asustara y para que encontrara la tranquilidad que sólo la música puede dar a las almas de las personas. Che piú cercando io vo? Lograba adormentarla y me sentía la persona más feliz del planeta cuando por fin, presa del cansancio, se recargaba sobre mi hombro y comenzaba a dormir. Yo llevaba mi mano a su pequeña espalda, y sentía su respiración. Sentía su corazón y me maravillaba de que existiera tal criatura, y más aún, que se encontrara en mi regazo, dormida.
Ahora comprendo que la lucha más grande que alguien haya tenido que librar en contra de la ilusión de la separación no fue de ella, sino mía. No pasa un día sin que la recuerde y la contemple en mi mente y en mis recuerdos. Definitivamente lo mejor de la vida se encuentra en los recuerdos bellos, como los que tengo de ella, y que seguirán en mi alma, hasta el fin de mis días. Todo se vuelve secundario y subordinado. La búsqueda de la felicidad será para mí el intentar incrementar en la mayor medida posible ese bagaje de recuerdos. Ese bagaje de recuerdos de ella, que fortalecen mi espíritu e inspiran mi mente.
Cuando salí corriendo hacia la cocina para buscar las llaves del auto, y le gritaba que regresaba en unos minutos, me sorprendió demasiado. Una pequeña, de su edad, normalmente se negaría a la idea de quedarse sola, siquiera un instante. Pero ella, con gran valentía y determinación, pero sin poder ocultar el temor y unas lágrimas que resbalaron por sus mejillas, me pidió el número de teléfono en el que podía localizarme. Recuerdo que en el momento reaccioné de forma natural, como si se tratara de una persona en plena madurez y con una formación completa y total. Era una pequeña niña, y aún así, logró aceptar el hecho de que algún día estaría sola, pero que tendría la capacidad de poder buscar a quien quisiera. El recuerdo de su pequeña manita elevándose hacia mí con una lápiz y una pequeña libreta, pidiéndome que no olvidara escribir el número correcto será para mí la manifestación de un amor y una necesidad que va más allá de lo fraternal, de lo personal. Seguirá siendo la señal de que Dios existe y quiere que permanezca a su lado, si no físicamente, en espíritu y en recuerdos.
La amé incluso desde antes de que naciera. Desde el momento en que vi el resultado del examen médico que indicaba que llegaría a mi vida una pequeña bebé. Un pequeño haz de luz que iluminaría mi vida en todo sentido. El mayor crecimiento espiritual que he experimentado en la vida se debió a su llegada. Realmente me costó mucho trabajo comprender y aceptar que ya había llegado y que era parte de mi mundo, un hermoso complemento que a la fecha sigue llenando mi espíritu de alegría y bienestar.
Creo que nunca dejaré la idea de que sigue siendo una pequeña y frágil bebé. Sus manitas siguen siendo pequeñas y delicadas a mis ojos. Su pensamiento sigue siendo inocente y puro, y siempre lo expresa de la forma más bella. Vivo su fragilidad totalmente proyectada en mi persona, porque en realidad quien derrama más lagrimas soy yo. Pero son lágrimas de felicidad por los recuerdos, y por el futuro que ciertamente me depara una visita más, una experiencia más y un abrazo más.