sábado, mayo 26, 2012

On thinking about someone so much it hurts



Cuando comenzaba a llorar la tomaba por la espalda, le protegía la cabeza con mi mano izquierda, y la llevaba contra mi pecho. Yo quería que estuviera pegada a mí, así, todo el tiempo, y poder sentir su diminuto corazón palpitar, pero ella se resistía y con sus pequeñas manitas me separaba de su frágil cuerpo. Aún así podía llenar mis sentimientos de emoción porque podía oler su fresca esencia, podía tenerla junto a mí, podía cargarla y llevarla a donde su pequeña y blanquita manita indicara. Aún sin poder pronunciar muchas palabras, me comunicaba a donde quería que la llevara, y yo obedecía. Hacía lo que me decía porque creo que es parte del comportamiento que una persona tiene que tener con una bebé de brazos. Ya después entenderá que no siempre se podrá hacer lo que ella quiera, pero no seré yo en que la reprima. Por lo pronto, yo estuve siempre a sus órdenes, y caminábamos por por toda la casa, incluso llegando a pasar por el mismo lugar varias veces, hasta que se cansaba y comenzaba a llorar de nuevo.
Entonces le cantaba con una voz bajita para que no se asustara y para que encontrara la tranquilidad que sólo la música puede dar a las almas de las personas. Che piú cercando io vo? Lograba adormentarla y me sentía la persona más feliz del planeta cuando por fin, presa del cansancio, se recargaba sobre mi hombro y comenzaba a dormir. Yo llevaba mi mano a su pequeña espalda, y sentía su respiración. Sentía su corazón y me maravillaba de que existiera tal criatura, y más aún, que se encontrara en mi regazo, dormida.
Ahora comprendo que la lucha más grande que alguien haya tenido que librar en contra de la ilusión de la separación no fue de ella, sino mía. No pasa un día sin que la recuerde y la contemple en mi mente y en mis recuerdos. Definitivamente lo mejor de la vida se encuentra en los recuerdos bellos, como los que tengo de ella, y que seguirán en mi alma, hasta el fin de mis días. Todo se vuelve secundario y subordinado. La búsqueda de la felicidad será para mí el intentar incrementar en la mayor medida posible ese bagaje de recuerdos. Ese bagaje de recuerdos de ella, que fortalecen mi espíritu e inspiran mi mente.
Cuando salí corriendo hacia la cocina para buscar las llaves del auto, y le gritaba que regresaba en unos minutos, me sorprendió demasiado. Una pequeña, de su edad, normalmente se negaría a la idea de quedarse sola, siquiera un instante. Pero ella, con gran valentía y determinación, pero sin poder ocultar el temor y unas lágrimas que resbalaron por sus mejillas, me pidió el número de teléfono en el que podía localizarme. Recuerdo que en el momento reaccioné de forma natural, como si se tratara de una persona en plena madurez y con una formación completa y total. Era una pequeña niña, y aún así, logró aceptar el hecho de que algún día estaría sola, pero que tendría la capacidad de poder buscar a quien quisiera. El recuerdo de su pequeña manita elevándose hacia mí con una lápiz y una pequeña libreta, pidiéndome que no olvidara escribir el número correcto será para mí la manifestación de un amor y una necesidad que va más allá de lo fraternal, de lo personal. Seguirá siendo la señal de que Dios existe y quiere que permanezca a su lado, si no físicamente, en espíritu y en recuerdos.
La amé incluso desde antes de que naciera. Desde el momento en que vi el resultado del examen médico que indicaba que llegaría a mi vida una pequeña bebé. Un pequeño haz de luz que iluminaría mi vida en todo sentido. El mayor crecimiento espiritual que he experimentado en la vida se debió a su llegada. Realmente me costó mucho trabajo comprender y aceptar que ya había llegado y que era parte de mi mundo, un hermoso complemento que a la fecha sigue llenando mi espíritu de alegría y bienestar.
Creo que nunca dejaré la idea de que sigue siendo una pequeña y frágil bebé. Sus manitas siguen siendo pequeñas y delicadas a mis ojos. Su pensamiento sigue siendo inocente y puro, y siempre lo expresa de la forma más  bella. Vivo su fragilidad totalmente proyectada en mi persona, porque en realidad quien derrama más lagrimas soy yo. Pero son lágrimas de felicidad por los recuerdos, y por el futuro que ciertamente me depara una visita más, una experiencia más y un abrazo más.

sábado, mayo 19, 2012

On living in another country and time.



Siempre he tenido la impresión de estar viviendo la vida que me tocó vivir en otro tiempo y lugar. Incluso desde antes de nacer, el destino intentó jugar una carta en  la cual yo no habría sido traído al mundo precisamente en donde fui traído. Tal vez la marca no desaparezca hasta el final de mis días.
El contemplar otras formas de vida, otros paisajes y escuchar otros idiomas llena y alimenta esa idea mía. El anhelo de haber conocido y haber vivido impregnado de otras culturas impacta mi mente de cierta forma que siento bienestar en mi mente y en mi alma.
Es la forma correcta de pensar porque trae felicidad a mi persona. Sin embargo, llenará de inquietudes mis actos en la vida, mis decisiones y mi búsqueda de la felicidad.
La incógnita que ahora acecha mi mente es la de si valdrá la pena intentar llenar el vacío. Emigrar y tratar de encontrar el lugar destinado originalmente. Porque definitivamente estoy seguro de que el lugar original, el que fue establecido por el destino y marcó mi plan de vida, no es éste que ahora habito. ¿Podré encontrarlo? y si lo encuentro, ¿que corresponderá hacer después? ¿Que hay que hacer una vez que sea encontrado y que forma gran parte de lo que quiero en la vida?
¿Como se puede vivir a plenitud con un estigma como el que siento? La resignación siempre ha formado parte de las acciones que he tomado  a lo largo de los años, pero en este particular asunto, no creo posible aceptar tal determinación.

domingo, mayo 06, 2012

On hating someone



Como quisiera poseer la totalidad de los secretos que me harían comprender la conducta de cualquier persona, así podría dejarla callada cuando me viniera en gana. ¿De que me serviría dejar calladas a las personas cuando me viniera en gana? ¿Para qué quiero yo ser capaz de dejar a las personas sin argumentos? ¿Quién creo ser realmente? ¿Será pura vanidad y orgullo? De una cosa sí estoy seguro. Si lograra ejercer ese poder, se acabarían para siempre los diálogos con otras personas, y a mí tanto que me gusta escuchar a las personas. Al menos me gusta un poco más que hablarles. No me siento con la capacidad suficiente o con la plática lo suficientemente interesante como para interesarlas.
Es un comportamiento verdaderamente irritante, el que me colma y me llena de incertidumbre y odio. Comienza a desplegar un desmesurado y egocéntrico torrente de conocimientos, que por no tener campo de acción en el cual aplicarlo de forma profesional, lo unta y restrega sobre las caras de las personas. Y aparte de todo manotea tanto que parece que hablara con las malditas manos. Me enerva de gran forma cuando me detiene y coloca su mano sobre la mía y ‘calla’ literalmente lo que tenga que decir para dar paso a otro de sus malditos y aburridos argumentos, que finalmente no llevarán a a ninguna mierda de conclusión. Lo que nos dejará en el mismo pinche y maldito lugar.
Sí, nos reímos juntos. Sí, platicamos de cosas trascendentales. Sí, hacemos que la vida parezca un poco más placentera y menos aburrida. Sí, parece ser una buena amistad. Pero son los detalles lo que me sacan de quicio los que marcan para siempre mi cerebro y mi imagen que formo sobre la persona, y que automáticamente, hacen que tenga un eterno rencor y enojo para cuando se presente de nuevo la conducta.
Tal ves no tenga más que ofrecer que odio en mi corazón. Tal vez sea yo un verdadero misántropo. Tal vez siga el canon a la perfección. Las personas a las que más amamos en la vida, son a quienes más daño hacemos.
No sé si funcione en ambos sentidos.
Quisiera no volver a entablar conversaciones con esta persona, para poder así evitar sentirme tan mal como ahora. Quisiera no volver a tener que pasar por esto gracias a los estúpidos argumentos y la forma de expresarlos de la persona esta. Quisiera no poder tener amigos y poder arreglármelas yo sólo en el pinche mundo. Quisiera no tener que depender de nadie más, como el maldito parásito que soy. Quisiera morir ahora.