Yo tenía la postura de que el cambio siempre es bueno. He realizado cambios toda mi vida, y por lo tanto había tratado de tomarlos de la mejor manera posible, para que mi creencia tomara fuerza.
He cambiado de estudios, de creencias, de lugar de residencia, de amigos, de preferencias en cuanto a música, deportes, círculos sociales, etc. Siempre veía los cambios como una oportunidad de aprendizaje y crecimiento. Los cambios llegaban porque yo lo deseaba.
Mi personalidad también ha cambiado bastante. La experiencia forja el carácter y fuerza cambios en mi persona todo el tiempo. Tal vez sea más distinto de lo que realmente estoy conciente. Nunca me he puesto a pensar en ello profundamente. Hoy precisamente tuve un lapso en el que comencé a criticar a una persona, y luego me dí cuenta de que yo también tengo comportamientos similires a los que criticaba... y no lo había hecho conciente.
A veces quisiera cambiar, pero de forma radical. Así, sin estímulos, porque todo cambio venía como respuesta a alguna situación en particular. Pero desgraciadamente no puedo cambiar así, porque comienzo a pensar demasiado en las posibles consecuencias de dichos cambios. Necesito estar seguro de que cambiaré por alguna buena razón, si no la hay, el cambio no se justifica.
Al ver a las personas intento verme en sus zapatos y analizar como sería si yo cambiara y adoptara la personalidad de tal o cual persona. Es simplemente un experimento. Ahora que lo pienso, al reflexionar sobre lo que ahora escribo, tal vez en el fondo no me agrade del todo, o en absoluto cómo soy... y tal vez por eso quiera cambiar. La verdad es que no me agradan muchas cosas de mi persona, pero creo que esa es regla para todos.