Todo comenzó con una enorme bola de nervios en mi estómago. No sabía si era yo el que mas nervios sentía o si era ella la que así lo experimentaba. El caso es que recibí una grata sorpresa cuando la vi hablando por teléfono en el primer piso del Aeropuerto.
Tenía todas las cosas listas. Mi cartera gallito, mi teléfono y mucho mas importante que cualquier otra coas, la carta que había escrito la noche anterior en la que le expresaba tantas cosas, porque sigo sin poder decir las cosas de frente. El miedo sigue presente, pero creo que poco a poco ira cediendo.
El viaje no fue para nada placentero, ya que la amenaza de lluvia tiene los mismos efectos en el transporte público de esta ciudad que la lluvia misma. Todo se entorpece y se mueve con lentitud. Afortunadamente mi amigo Viktor me acompaño en todo el trayecto y así logró ser un poco mas placentero.
El mismo tiempo que yo tardé en ir de casa al aeropuerto fue el mismo tiempo que ella duró volando de Chihuahua hasta la ciudad de México. Queda en evidencia la magnitud de la ciudad en la que vivo. Al llegar pude notar que había un leve retraso, ya que el monitor indicaba que el avión estaba a tiempo en su llegada, pero no había recibido comunicación de Nene. Luego de unos minutos, llegó el primer mensaje. ‘Ya llegué’. La agradable confusión en la que caí al ver que no salía por las puertas de llegadas nacionales me hizo sentir una gran felicidad, ya que recibí su llamada y, preguntándome en donde estaba, comencé a voltear a todos lados. Al final caí en la cuenta de que había llegado a la planta baja. La imagen de Nene hablando por el celular, con un tono de voz tranquilo, y relajado, volteando a todos lados buscándome, porque le decía que estaba justo en donde elle estaba también fue muy bella. Al final volteó la mirada hacia arriba y nos encontramos. Una sonrisa se dibujó en nuestros rostros. Bajé las escaleras, y nos saludamos con un abrazo. De cierta forma pude sentir un poco de nerviosismo, ya que los abrazos de Nene suelen ser muy fuertes y estrujantes, pero en esta ocasión fui yo quien intentó darle confianza con mi abrazo. Después de que me aclarara el porqué había llegado por tal puerta y no por la que yo creía sería la indicada, comenzamos a hacer un plan. ‘Necesito comprar Reales’. La misión estaba clara. Lo que cambió el plan fue que tuvimos que hacer un pequeño viaje a la terminal 1 para poder conseguirlos, ya que en la Terminal 2 (que por cierto, es de donde salen vuelos a Brasil) no venden Reales. Irónico, pero sólo en México pasan estas cosas.
Paseamos entonces y cumplimos con la misión. El trayecto estuvo lleno de charla de sus despedidas. Me contó cosas bellas. Cosas que uno debe vivir cuando va a viajar por un largo período de tiempo. Pude reunirse con sus amistades antes de partir y despedirse bien. Los efectos de la cena del día anterior fueron evidentes cuando me pidió que le diera un poco de té para tomar una pastilla. Pero la cena estuvo deliciosa. Compartió mucho más que tiempo con sus amigos. Compartió abrazos y lágrimas de de ‘hasta luego’.
Los detalles que quedaron en mi memoria. ‘Me voy a subir en ese’, al referirse a un avión que iba a París. ‘¡No, mejor en ese!’. Al ver que había otro más que iba a Japón. El tono de voz con el que dice las cosas, un tono de inocencia y de alegría, de convicción por los sueños que todavía se atreve a soñar y que nunca dejará de soñarlos. Ese tono de voz me llena de felicidad y de esperanza. Siento seguridad porque me transmite una convicción en que logrará hacer en la vida lo que realmente quiera hacer. Esa es Nene.
Cuando me dijo: ‘¡Ya quiero llegar! Porque cada minuto que pasa me pone mas nerviosa’, me hizo reflexionar. Traté de calmarla contándole lo que había vivido en mi viaje, y cómo siempre encontraba la forma de solucionar las situaciones difíciles que se me presentaron. Al final supe que sus palabras fueron más un desahogo que una real evidencia de nerviosismo. Siento toda su seguridad. Ella es muy buena en mostrar seguridad a las personas. ‘Simplemente hago lo que me digan que tengo que hacer’, me dijo, refiriéndose a los trámites que uno tiene que pasa para poder viajar en avión y que a mí comienzan a parecerme de lo más innecesarios y aburridos. ‘Como te ven las personas, con alegría y disposición a obedecer, así te tratarán. Siempre que viajo las cosas salen bien’. Estas palabras han marcado mi vida. Conoce secretos que a los adultos, incluyéndome, nos toma mucho trabajo aceptar y aprovechar.
Le pedí comunicación, en la mayor medida posible, y lo cumplió. En todo momento nos comunicamos sobre el retraso de la salida, sobre la ubicación de la sala correcta, sobre los detalles que ella quería aclarar acerca de como debe de viajar una persona.
La despedida fue emotiva. Controlada y sincera. Un abrazo de mi parte, y uno más de parte de Miguel. Los consejos de siempre, porque no me atreví a decirle más cosas. Afortunadamente lleva la carta, en donde le digo mucho más.
La seguía con la mirada, desde que pasó a la sala de revisión. Tomó su equipaje de mano y lo presentó como le pedían los agentes. En todo momento calmada y atenta a las instrucciones. Nunca dudó, ni por un segundo acerca de si estaba haciendo las cosas bien o no. La veía cuidando cada detalle del proceso y sentí felicidad. La vi desenvuelta, segura y con toda la confianza que requiere emprender una aventura como esta. Al final rogué para que pudiera voltear a través de los barrotes de la sala y pudiera alzar su mano y decirme adiós. Fue la última imagen de su persona que tengo y que llevaré en mi corazón hasta el día en que la vea pasar por la sala de llegadas internacionales... dentro de un año.
‘¡Oh! ¡Esto esta bien chido! ¡Acá hay muchas cosas y... tiendas!’ - Fue lo primero que escuché de su siguiente llamada. No pierde la capacidad de asombro, y espero que nunca lo haga, ya que sólo así seguimos teniendo la inocencia de ver las cosas sin prejuicios.
Realmente será una gran experiencia. Quiero que así sea y mi pensamiento y oraciones estarán siempre dirigidos hacia ese fin. Nene, buen viaje.