miércoles, abril 18, 2012

On finding out just how disfunctional I am.


En todo el camino mi único pensamiento era el de cómo lograr un buen final, sin tanto drama, y sin tanto ruido para quienes se sientan afectados por el mismo. Pensaba mil cosas como ‘esto no es para mí’. ‘Es demasiado como para volver a comenzar’. ‘Porqué se me presentan este tipo de oportunidades ahora que tengo tales o cuales pensamientos?’. ‘Cómo debería de reaccionar ante tales situaciones y circunstancias?’.


Luego, el impulso se hizo presente. Comencé a indagar y a lograr obtener la información que estaba buscando, pero de cierta forma, pensaba en la gran incógnita. ¿Para qué quiero investigar esta nueva opción?. ¿Valdrá la pena intentar esto?. ¿Qué será lo que me impulsa a seguir moviéndome así, de esta forma?. ¿Qué es lo que realmente quiero hacer ahora?.


El caso es que finalmente concreté algo, una cita por lo pronto y ahí estaré, seguramente, gracias a que mi sentido de la responsabilidad no me permite defraudar a la gente, o al menos en situaciones oficiales.


Lo que me lleva al siguiente punto.


En situaciones no oficiales soy la persona más disfuncional. Tal vez será el exceso de confianza, o de sinceridad. Mis declaraciones siempre terminan por herir a los demás. No cuento con la capacidad de análisis de las mejores palabras y oraciones para expresar, sin echar a perder el momento o la relación con alguien, mis sentimientos, experiencias e ideas.


Creo que volveré a lo mismo, a tomar un poco de tiempo. Poco para mí será mucho para los demás, pero ultimadamente, a mí que me importan los demás.

jueves, abril 05, 2012

Ma non si giocca scopa in tré!

No sé como se juega a eso, pero sé que no es posible jugarlo con sólo tres personas. Así como hay tantas cosas que no se pueden hacer con sólo tres personas, hay varias que no deberían hacerse solo. Como vivir, como comer, como tomar un café.


Ahora que regreso, siento el peso de la soledad apoderarse de mí de nueva cuenta. Incluso de mis manos, que logro mover sólo por la fuerza de la cierta inspiración que mueve mi mente a generar el texto.


Quisiera... no, no quisiera en realidad, pero es una forma de hablar. Una de esas formas a las cuales me he habituado desde que vivo aquí. Quisiera poder adaptarme a todo. Es un deseo que cada vez que llego a casa, como hoy y como ahora, deseo nuevamente.


Ver a las personas hablar, de frente y directo a los ojos, es algo que comienzo a olvidar. Sin embargo, sigo emitiendo los mismos prejuicios de toda la vida. A éste le gusta mucho exagerar. A ésta no le gusta nada, es demasiado “picky”. Aquél no se ve bien intentando cortejar con esas líneas. Etc.


Un nuevo descubrimiento. Parece que no soy tan aburrido después de todo. Puedo mantener una buena conversación con alguna chica... bueno, al menos con una chica a la que le gusta el cine, la ópera, la música, la historia, y la literatura, tanto como a mí. Un momento. Creo que esta aseveración ya no me gustó mucho. Lo que pasa es que te has topado con alguien con quien poder conversar, pero de lo que a ti te interesa. ¿Será acaso que ese es el secreto de las relaciones? ¿Será que en verdad estoy hecho para poder empastar y acoplar mi forma de ser única y exclusivamente con personas así? ¿Será que no puedo en verdad tener un encuentro ocasional que marque mi vida, o que al menos, me aporte un poco de felicidad? La felicidad que creo ver en los demás. ¿Será que los encuentros ocasionales que aportan felicidad no existen? ¿Qué es lo que me estoy perdiendo de la vida por seguir siendo como soy, por no atreverme a cambiar?


Las letras me comienzan a apasionar, pero también me intimidan bastante. Los pensamientos son aún mas atemorizantes, porque se apoderan de mi conciencia, y actúan por mí en ocasiones. Puedo seguir haciendo ciertas cosas, pero sigo con los mismos miedos. Los mismos miedos que me impiden acercarme a las personas nuevas, a los desconocidos. Y sin embargo, sigo reaccionando de una buena forma ante las personas que se acercan a mí sin razón alguna, bueno, siempre existe una razón, pero nunca reparo en los motivos que trascendieron en la persona para que pudiera realizar el valiente acto de acercarse a alguien más a conversar, a saludar, a hacer un comentario, a hacer una pregunta. Lo ensayo mil veces en mi mente, pero nunca me atrevo. Sigo teniendo las mismas visiones. La veo ahí, parada sola, o haciendo cualquier cosa y llego yo, y comienzo a hablarle y a decirle lo bonita que me parece o a preguntar si tiene alguna relación seria por el momento, o a cortejarla, como todo una persona que sabe que es lo que quiere y los medios que tiene que utilizar para conseguirlo. Tal vez es eso entonces. No sé que es lo que quiero. La verdad, eso es cosa común y pensamiento frecuente en mi maldita cabeza.


Allora, non si giocca a scopa in tré... e non si vive nemmeno da solo!